Dependencia

La independencia es un sueño casi todos los seres humanos. Pero, en realidad, es un sueño imposible.

Un país jamás consigue independizarse plenamente del restante del mundo. Necesita de los demás. Una empresa jamás es independiente de su red de sucursales y consumidores. Un partido político, un líder, un equipo de futbol. En él medio financiero, político, administrativo, emocional… Independencia es una palabra que hasta puede hacer parte de los vocablos, pero no hace parte de la vida real. No hay como ser diferente. Somos dependientes, desde que hemos nacidos y hasta el momento de morirse.

Ya que, inevitablemente, vamos depender, ¿Por qué no hallar esta dependencia en el lugar correcto?

Malos lugares existen muchos. Problemas en el pasado, disgustos en el presente. Dinero, poder, estatus social. Personas que piensan tan solo en ventajas. Sexo, trabajo, juegos, vicios, engaños. Cuando uno de estos es la causa de nuestra dependencia, nuestro futuro entonces independe de nuestra voluntad.

Lugar cierto, también existe. O mejor, Persona cierta. Aquel que alimenta nuestra vida, sustenta nuestro cuerpo, fortalece nuestro ser y da sentido para nuestros pasos. La dependencia de Dios es certeza de vida segura, constante y con propósito. Por medio de la fe somos conectados a Cristo y, a partir de esto, las demás dependencias de nuestra vidas ganan nuevas perspectivas. Las esenciales, reciben nuevo valor. Las prejudiciales, reciben balazos.

En este caso, el futuro también independe de nuestras ganas. Pero ahora, está dentro de la voluntad de Dios, que sabe como el futuro será mejor. Así, esta Voluntad se torna también… nuestra voluntad.

Independientemente de lo pase.






Traducción:
Pastor André Luiz Muller
Canoas, RS, Brasil
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