sábado, novembro 22, 2008

Sustentación

Cuando llegamos delante de un gran río y necesitamos llegar al otro lado, se nos presenta una situación rara: el mismo elemento puede ser apoyo o apuesta. El agua.

Porque para superar esta dificultad, no teniendo un puente, básicamente tenemos dos opciones:
- Podemos intentar seguir caminando, o nadando, para ver hasta donde nuestros pies y brazos pueden nos llevar. En este caso el agua se vuelve en amenaza, y puede sumergir nuestros sueños y convicciones.
- O entonces podemos conseguir un medio de locomoción que sea capaz de enfrentar al agua, como, por ejemplo, un barco o una balsa. En este caso, tenemos sustentación para nuestra jornada, por donde nuestra conducción ciertamente llegará a su destino.

Podemos sumergir o seguir adelante, depende de cómo resolvemos seguir.

La fe en Dios nos pone dentro del barco correcto para enfrentar la vida. Nos da el timón, seguridad y orientación. Cuando rechazamos este ayuda y creemos que podemos resolver todo solos, hay una gran posibilidad de que ocurra un desastre. Cuando navegamos con fe en Aquel que nos crió, amó y salvó, podemos hasta balancear, nausear, y quedar con miedo, pero la confianza de que vamos seguir adelante continúa. Pues lo que era apenas un problema, se vuelve punto de apoyo para una nueva situación. Y solución.

Por lo tanto, ¿Por qué intentar solo, si con El tenemos mejor opción? Navegar con fe en Dios transforma el enemigo en aliado. El agua deja de ser un obstáculo para ser sustentación. Y el escenario que moldura nuestro seguir confiados, seguros y salvos.

Hasta al otro margen.
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