Cintas blancas


La historia era contada por Kenyon Scudder, famoso superintendente de una cárcel en California, EUA. Pasó con su amigo.

El amigo estaba en un tren al lado de un muchacho visiblemente nervioso y ansioso. Conversando con el, supo que el hombre era un presidiario que arrecien había sido suelto y estaba volviendo a su casa.

Pero, su crimen había sido muy vergonzoso para su familia. Por eso, antes de tomar el tren para regresar, envió una carta para avisar que estaba regresando. En ella, arrepentido, pidió perdón por todo lo que tenia hecho. Aun sabia que su error fuera grande y por eso no sabia si seria perdonado. Para no necesitar pasar por esta humillación, pidió a la familia una señal. Como el tren pasaría cerca de su casa, se ellos lo tuvieran perdonando, que colocasen un cinta blanca en el manzano cercano al carril. En contrario, el seguiría viajen y jamás volvería.

Acercándose al local, la ansiedad del ex-prisionero aumento cada vez mas, tanto que ya no conseguía mirar hacia fuera. Entonces, pidió al amigo de Scudder que mirase para el manzano, puesto que estaba muy aflicto para hacerlo.

" – No hay una sola cinta en el manzano" – dijo el hombre luego al pasar por el local.
" – ¿No? – dice, casi llorando el muchacho.
- No, no hay una solo. ¡El manzano está completamente cubierto por decenas de cintas blancas!"

Algunas heridas son sanadas solamente con el perdón. Hay vidas que solamente el perdón recupera. Hay recomienzos que solamente el perdón proporciona.

Y existe el perdón que solamente Dios ofrece: pleno, irrestricto y confortador.
Esto es, volver diariamente a Su Casa, donde las reservas de cintas blancas jamás terminan.
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